Ya no quiero estar aquí

Toda mi vida las cosas han fluido misteriosamente, pero también de una forma sospechosamente natural. Llegué a estudiar una carrera por puro descarte, porque de todo lo que había, nada me gustaba ni me parecía interesante. Era muy normal que, en mi colegio de solo niñas, todas tuvieran clarísimo lo que querían y se esforzaran todos los días para lograr entrar a esa universidad soñada, a estudiar esa carrera soñada y terminar trabajando en esa empresa soñada. Todas lo tenían claro, pero yo no. 

 

Seguramente influía que los papás de la mayoría de ellas tenían una profesión y un trabajo que les permitía diseñarles desde pequeñas un horizonte más claro y meticulosamente planeado. Pero yo tampoco tenía eso. Por el contrario, mi mamá era ama de casa y mi papá era operario en una empresa de electrodomésticos. Todo bien hasta aquí, porque no me criaron para entenderme como una persona que debía estudiar y ser profesional para ser alguien en la vida, sino que me acompañaron a hacer las tareas hasta estar muy grande, me llevaron al colegio hasta el último día de clases y estuvieron presentes en todo lo que como hija representé para ellos. Pero el sentido de todo eso vine a entenderlo casi diez años después.

Entré a estudiar una carrera relativamente sencilla que terminó gustándome, donde pasé cinco años con las mismas once personas que veían en esta profesión una verdadera pasión y amor por lo que haríamos en el futuro. Fue un grupo competitivo y con ideales claros, lo cual me ayudó a forjar cierto carácter y a esforzarme para ser una buena profesional. Y así como llegué a estudiarla por obra y gracia de algo superior, de esa misma forma llegué a mi práctica universitaria y a mis trabajos después de graduarme. 

 

A mis 25 años llegué al trabajo soñado: un excelente salario, una posición importante, muchísimas oportunidades de crecimiento laboral y un entorno de profesionales muy capacitados que serían mi equipo de trabajo, y que también serían los reflejos de lo que yo no quería para mi vida. Eso lo descubrí después de llevar un año en ese cargo. Eso sí, es el trabajo al que más tengo por agradecerle por todos los aprendizajes y por haber conocido a personas tan valiosas y tan tesas en lo que hacen, que se esfuerzan día tras día para darle sentido a la palabra "servicio" que ha estado presente durante toda mi vida. Definitivamente ha sido el mejor equipo con el que he trabajado y tendrán mi admiración eternamente.  

 

Ahora, si eran el equipo y el trabajo soñado, ¿por qué yo ya no quería estar ahí? La respuesta corta y sencilla es porque me sentía cansada; mientras que la respuesta larga y detallada la definiré a través de cinco aprendizajes principales, con los cuales estoy segura que no solo yo me siento identificada, sino muchas personas que ya no se sienten felices y tranquilas en el lugar que están (y no me estoy refiriendo solo a un "lugar" laboral). 

 

#1. En la vida, TODA decisión que tomemos, tendrá un coste de oportunidad, es decir, implicará que tengamos que sacrificar algo. Si eliges estar soltero/a, sacrificas lo bonito de tener una relación. Pero si eliges estar en una relación, también eliges renunciar a lo que conlleva tener vida de soltero/a. En mi caso, llevar el ritmo de vida que me exige mi trabajo implica renunciar a lo que ha sido desde pequeña mi proyecto de vida: tener una familia. ¿Por qué no puedo tener ambas? Porque cuando podría estar cenando o almorzando con mi esposo, tengo que dedicar ese tiempo a completar informes, adelantar gestiones y otras cosas similares. O lo que es más común todavía, no estoy en casa, porque tengo que viajar por razones laborales. Yo, desde mi posición personal, no elijo ser una esposa, una hija o una mamá (perruna, por ahora) ausente. Claramente, quien considera que es más importante el aspecto laboral que el familiar, está en una posición completamente válida y respetable. Pero no es ese el caso que quiero exponer en este escrito. 

 

#2. La esencia SÍ se sacrifica, por más principios, valores y creencias que tengamos. Como diría mi antigua jefe, "la cultura se traga a la estrategia". Es decir, por más que quieras mantener tu esencia y lo que eres en determinado entorno (laboral, social, familiar...), las dinámicas en las que te rodeas terminarán moldeándote. No digo que sea bueno ni malo, simplemente es algo pasa. Y como lo expondría en su momento el filósofo John Locke, los seres humanos somos una tabula rasa que se va modificando a partir de nuestras experiencias. ¿Por qué sacrifiqué mi esencia en este trabajo? Porque allí el significado de servicio estaba enfocado desde el hacer y yo siempre lo he querido aplicar desde el SER. De ahí que "la mejor manera de servir es siendo tú mismo".

 

#3. Ya se nos hizo NORMAL estar estresados y con dolor de cabeza. Pero, ¿Qué tan sano y exitoso puede resultar esto? Cuando te detienes a analizar y a hacer consciencia de eso que te está incomodando, llegas a conclusiones y preguntas básicas sin respuestas inmediatas: ¿en qué momento se volvió normal tener la agenda tan llena que tienes agendadas dos o tres reuniones a la misma hora? ¿Cuándo pasamos de tener la hora del almuerzo para desconectarnos a convertirla en almuerzo de trabajo? ¿por qué seguimos normalizando el estrés y entendiéndolo como un indicador de que estamos cumpliendo con nuestras labores? Y lo que más me aterró en su momento: ¿Cuándo comencé a soñar con el trabajo, a dormirme pensando en trabajo y a despertarme varias veces en la noche pensando en lo que debía hacer/escribir apenas me despertara en la mañana? Y voy a agregar una más, prometo que es la última en este punto: ¿por qué nos quedamos sin tema mi pareja y yo si no hablamos del trabajo?

 

#4. Muchas veces en la vida vamos a tener claro lo que NO queremos y no vamos a tener idea de lo que SÍ queremos. Y eso también es un avance. Incluso tiene el mismo valor saber lo que no quieres para tu vida que saber lo que sí quieres, porque esto significa que conoces tus límites, que sabes a dónde no quieres llegar y eso ya es tener uno o varios caminos cerrados para iniciar. Puedes estar en un lugar, en una relación o en una situación en la que ya no quisieras estar más, ¿eso quiere decir que sí sabes lo que quieres? No necesariamente. A veces solo es necesario soltar y salir de ahí para abrir una nueva puerta llena de incertidumbre y de muchas cosas por descubrir y por aprender. Cuando te encasillas en el "yo sé lo que quiero", te cierras a otras posibilidades que tampoco sabes si podrías quererlas, mientras que en el "no sé lo que quiero" estás abierto, sin expectativas y con variedad de posibilidades y escenarios dispuestos para vivirlos y experimentarlos.

 

#5. Todo cambia cuando cambiamos nuestra forma de ver las cosas. En su momento, cuando logré tener este trabajo, me sentía realizada y orgullosa del camino que había recorrido, porque a mis 25 estaba en un puesto y en un entorno que solían estar ocupados por personas diez años mayores que yo. ¡Todo un logro! A tan corta edad estaba alcanzando lo que otros alcanzaban a sus casi 40 años. Sin embargo, un año después, con mucho cansancio y estrés encima, veía las cosas de una forma muy diferente: ¡a mis 25 años estaba tan quemada y agotada como lo estaban mis compañeros de 40! ¿Qué iba a ser de mí, entonces, cuando tuviera 40? No quise ni pensarlo y tomé la decisión de hacer lo que de verdad me llenaba, me gustaba y me apasionaba, teniendo ahora las herramientas y recursos necesarios para hacerlo. Esa historia vendrá después. 

 

En conclusión, no te quedes donde no quieres estar. Tampoco digo que saltes al vacío inmediatamente. Lo que te propongo es que evalúes tu realidad actual. ¿Estás donde quisieras estar? ¿Eres feliz? ¿Te sientes tranquilo/a? ¿Qué estás o estarías dispuesto/a a sacrificar? ¿Sabes lo que quieres y lo que no quieres? 

 

Cuéntame si te cuestionaste con este artículo o si sientes que se te movió el piso firme en el que andabas. No estás solo/a y tampoco eres la única persona en el mundo que se siente así. 

 

De nuevo, bienvenido/a este club y gracias por estar aquí. 

 

Con cariño, María Idally ❤

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios